Por PLASTIC CARROTS

El ayuno de dopamina, o "dopamine fasting", propone dejar el celular y los estímulos rápidos por un rato para que el cerebro “resetee” la dopamina, un neurotransmisor esencial para la motivación, el aprendizaje y el placer. La idea es simple: cuando algo te gusta, te sorprende o te da una recompensa, el cerebro libera dopamina y te deja con ganas de que pase de nuevo.

La pregunta es si funciona así de verdad, aunque ya te adelantamos que conceptualmente está flojo de papeles.

Qué es el ayuno de dopamina

La dopamina es un neurotransmisor, una sustancia química que una neurona libera para pasarle una señal a la siguiente, esencial para la motivación, el aprendizaje y el placer. No disminuye por evitar actividades estimulantes, no es mala, y no hay que evitarla: es parte de lo que te hace levantarte con ganas de algo, y también de lo que sentís cuando algo te gusta.

El ayuno de dopamina, o "dopamine fasting", parte de la idea de que el estímulo constante, el celular, las redes, las notificaciones, genera tanta dopamina que el cerebro necesita cada vez más para sentir lo mismo, y que frenar un rato le da lugar para resetearse. El problema es que no funciona así. La dopamina no se acumula ni se agota como una batería, y no podés “ayunar” para bajar sus niveles ni para que el cerebro “se recargue” y no disminuye por evitar actividades estimulantes (Harvard Health Publishing, 2020). Si bien la intención de aplicar esto que se llama ayuno de dopamina es buena, la base teórica no lo respalda. No podemos negar que el nombre es marketinero.

No hay una reserva de dopamina que se vacíe de tanto usarla, ni que haga falta dejar descansar para que se rellene.

lo que sí funciona

La interpretación correcta que podemos hacer es la de buscar poner límite a comportamientos compulsivos: el uso excesivo de internet, las compras impulsivas, comer por ansiedad. La idea real es desconectarte de la gratificación instantánea, esas notificaciones y ese scroll que te mantienen en un ciclo de recompensa rápida y superficial, para recuperar el control sobre esos hábitos. En el fondo es mindfulness con otro nombre: darte permiso para aburrirte o sentirte solo un rato, y elegir algo humano y real en lugar de la sobreestimulación digital. 

Qué papel cumple el celular

Las notificaciones, los mensajes y los likes no llegan en un horario fijo ni en una cantidad predecible, y eso es justo lo que te mantiene pendiente. Esa incertidumbre es la clave: no saber cuándo va a llegar la próxima recompensa genera más ganas que tener la certeza de qué va a ocurrir.

Qué pasa después de un rato sin el celular

Si dejás el celular guardado evitás la compulsión de revisar notificaciones, mensajes, mails o de scrollear sin parar. La dopamina no baja por dejar el celular guardado, porque como decíamos, no es una bateria que se carga o se descarga. Lo que sí es real es que podés sentir menos fatiga mental, pero lo que cambia ahí es que bajaste la sobreestimulación, y estar sobreestimulado todo el día cansa aunque no lo notes conscientemente. Es el mismo costo del que ya hablamos en el artículo sobre multitasking.

Qué funciona en realidad

El primer paso es identificar el momento puntual en que aparece el impulso de agarrar el celular. ¿Cuándo lo revisás sin pensar? ¿En medio de una tarea aburrida? ¿Apenas te levantás? ¿Antes de dormir? Reconocer ese momento es lo que más importa.

El siguiente paso es ponerle un límite de tiempo y de contexto a esa conducta específica, no evitar todos los estímulos de golpe. La razón es que esto tiene que ver con adoptar un hábito, no con pasar una prueba puntual: si evitás estímulos durante un tiempo y después volvés a las mismas rutinas de siempre, no cambió nada. Por eso suele ser más útil elegir una sola cosa concreta e ir modificándola de a poco. Por ejemplo, el scroll antes de dormir: si dejaras de usar el celular una hora antes de acostarte, ¿qué pasa? ¿En qué momento sentís que lo necesitás, y para qué? ¿Es aburrimiento? ¿Es no querer pensar en algo puntual?

Las redes sociales y muchas otras aplicaciones están diseñadas para generar esta necesidad constante de estar pendientes por el mecanismo de recompensa aleatoria que ya explicamos, y también por el sistema de validación social que entra en juego con los likes y los comentarios, algo que desarrollamos en este artículo sobre por qué nos comparamos con los demás.

Algo que ayuda mucho en este proceso es ser consciente de lo que estás haciendo o querés hacer para evitar distracciones. Por eso en PLASTIC CARROTS insistimos tanto en diseñar el día con intención: organizarlo, decidir qué querés hacer, y para eso hace falta entender no solo lo que estás haciendo sino también lo que te gusta y lo que no. Rastros, nuestro diario guiado, sirve justamente para eso: registrarte día a día y encontrar esos patrones. TUDÚ, nuestro to-do list, integra varias técnicas de gestión del tiempo en una sola hoja para ayudarte a poner intención en lo que vas a hacer. Las dos herramientas se pueden usar juntas, de hecho es lo que recomendamos en nuestro kit para arrancar el día.


Tomarnos un tiempo para desconectar y ordenar la cabeza es valioso y necesario, pero no estamos inventando nada. Por ejemplo, la meditación lo viene planteando hace miles de años. No se trata de ayunar dopamina, se trata de desconectar del frenesí tecnológico para reconectar con nosotros mismos y con cosas que realmente suman, sin caer en extremos.

Referencias

  1. Grinspoon, P. (2020). Dopamine fasting: Misunderstanding science spawns a maladaptive fad. Harvard Health Publishing. Ver artículo

Sobre el autor

PLASTIC CARROTS

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